Hace más de un año que no veía jugar a la selección peruana. Hoy, lamentablemente, lo hice de nuevo. Arreglé mis cosas para que no hubiera nada ni nadie que molestara durante el partido. Como estoy con un pequeño resfrío cogí un vaso de chicha y con eso me la pasé tranquilo todo el partido. Debo confesar que la Copa América no me había llamado la atención hasta la victoria de Perú por 3-0 contra Uruguay. Así que me dispuse a ver el encuentro ya que Venezuela no era un rival difícil de vencer. Vaya sorpresa. Todo el primer tiempo me la pasé aburrido. Varias veces cambie de canal y me quedé enganchado un rato viendo el Narrador de Cuentos (consultando mi copia, eso en Producción Televisiva es Grazing). El segundo tiempo si fue un desastre. Fuera de los errores de la selección, el árbitro y el negro Mendoza me dio cólera que siempre se repite la misma historia. Por eso, no quiero ver los partidos del Perú. Y, claro, ahora no veré ninguno por lo menos hasta el… No lo sé. Soy un hincha frustrado, que siempre espera y sueña con que a su selección le salga una en un millón. Pero nada de nada. Es un clásico ver perder a Perú, ver como lo humillan, como le roban los penales, como se pelean, como fallan los goles más absurdos, como Pizarro se coge el pelo, insultar al negro Mendoza y, hoy, después de tantos goles perdidos de Guerrero, ha quedado en mi memoria su rostro de impotencia. En el próximo partido sucederá lo mismo y te aseguro que se convertirá de aquí en adelante en un clásico. Será para la próxima.
Eduardo Venegas

